Voy a hablar un poco más sobre mi bipolaridad:

En mi caso cuando he tenido las mayores crisis han sido crisis depresivas, períodos en los que no tenía ganas de nada, perdí el interés por todo, incluso perdí la ilusión por la vida.

Creo que si algo me mantuvo aquí fue el amor por mis hijos y por mi familia, pensar que se quedaran solos sin mí y el dolor que eso les supondría me hizo seguir en este mundo.

Pero el diagnóstico llegó después de una crisis maníaca y ahí llegó para mí una liberación.

Tengo que decir que no todo fue tan bonito desde el principio, sí, fue liberador pero también fue un shock, no podía creer que yo tuviera una enfermedad psiquiátrica grave, ¡trastorno bipolar nada más y nada menos!, cuantas veces por mi trabajo había oído hablar de ello y había tratado con pacientes psiquiátricos y ahora verme al otro lado siendo yo la paciente fue difícil de digerir.

Estuve un tiempo en el que pasé un período de duelo, porque empecé a sentir que no sabía lo que era real y lo que no.

Me perdí.

No sabía distinguir lo que había sido real de lo que estaba producido por la enfermedad y por los síntomas psicóticos.

Empecé a analizar las cosas que me habían pasado en los últimos años y ahí fue cuando me di cuenta de que quizá lo que yo había considerado normal cuando pensaba que  estaba «contenta» eran síntomas de las manías y las hipomanías.

Yo siempre he sido una persona muy espiritual, pero de repente pasé a no saber distinguir que había sido real y que habían sido síntomas psicóticos. Yo estaba convencida de que muchas cosas que había sentido habían sido reales cuando en realidad eran delirios.

Esto me dejó con una sensación muy grande de vacío, era como no saber realmente quién era, quién había sido y quién iba a ser a partir de ahora.

Necesite tiempo para recomponerme y volver a poner equilibrio en mi vida, quedarme con lo quería mantener y dejar ir lo que no.

Si has llegado hasta aquí, muchísimas gracias por leerlo.

Posted in

Deja un comentario