Mi diagnóstico llegó después de años de dar vueltas y vueltas de psiquiatra en psiquiatra.
Empecé con una depresión posparto muy fuerte al dar a luz a mi hijo mayor y desde entonces mi vida se volvió un huracán de altibajos que nadie supo ver ya que sólo acudía al psiquiatra cuando tenía episodios depresivos.
Yo no entendía cómo podía estar tan llena y rebosante de energía y de repente caer en el pozo más amargo y oscuro que jamás había conocido. Pero lo que si tenía claro es que detrás de una etapa, siempre llegaba la otra.
Después de años muy difíciles llegó el diagnóstico, trastorno bipolar, y para mí más que una etiqueta o un golpe duro, fue muy liberador.
Sentía que no estaba «loca», que no era «rara», que no me lo estaba imaginando, que no tenía que resignarme a vivir así, por fin le podía poner nombre y entendí que había personas que sentían y vivían lo mismo que había estado pasando yo, fue un gran alivio para mí.


Deja un comentario